BRM400 (Brevet 400 km) - Benacazón

Mira que esta serie de Benacazón 2023 está siendo una barbaridad de principio a fin, organización impecable, desayunos gourmet, recorridos que te llevan por lo más genuino de esta parte del mapa andaluz y todo un máster en la disciplina, tanto para los que empiezan a descubrir esta filosofía de dar pedales, como para los veteranos, a modo de dosis de recuerdo, para que nadie olvide de que va esto y que se resume en una premisa: «nadie queda solo si no lo pide expresamente»… Pero este 400 nos ha dejado un pellizquito en el alma de los que difícilmente se olvidan.

Salíamos a las seis de la mañana de una jornada que climatológicamente anunciaba calor, más de 30 grados… craso error hacer caso a las previsiones meteorológicas. Un exigente recorrido nos adentraba en las entrañas de la sierra norte, saltando desde Andalucía a tierras extremeñas, a través de carreteras recónditas, serpenteantes y solitarias, atravesando lugares donde el tiempo se detiene… y aprovechando de paso para hacer un guiño en forma de pequeño homenaje a nuestro compañero Chema y especialmente a sus padres, que en sus años jóvenes se declaraban amor eterno entre los encinares de estos parajes.

Salida rápida para el primer control en Las Pajanosas, sello y zumbando, tanto que el comando Benacazón ya busco su golpe de pedal ante los bríos de una grupeta que avanzaba a compás del cuerpo de élite andaluz: Fernando el antequerano, Antonio el cordobés y nuestro Andresito, con una naturalidad innata, ya empezaban a dar muestras de la inmensa clase que atesoran, guiando a un grupo cabecero que avanzaba a un ritmo al alcance solo de los elegidos. Mientras tanto, por detrás aprovechábamos para impregnar nuestros cinco sentidos de un aroma penetrante a tomillo y romero, que era una auténtica delicia.

En estas, nuestro presi, en sus funciones de anfitrión, acompañaba al grupo delantero en los primeros compases, para que quiénes nos rindieron visita desde otros lares de la geografía ibérica se sintieran como en casa, desempeñando una labor inmensa que no tiene precio… unos kilómetros más tarde se unía al comando Benacazón, formado por los incombustibles Antonios, el bellota y el mochuelo, y por el juntaletras que escribe, para conformar un cuarteto que compartió pedales, anécdotas, ratos de frío, de guasa y risas, hasta el final de una jornada, que a partir de Llerena también contó la presencia de Enrique el palmeño, un novato en la materia que aprende a pasos agigantados y que tiene una pinta de randonnerazo que quita el sentido…

Mucho viento de cara desde Llerena a Zafra, relevos a kilómetros como mandan los cánones para digerir los 40 más pestosos del día. Una vez en Zafra amago de parada técnica que finalmente se hizo en Burguillos, ocho kilómetros más adelante, unos pasteles y café, repostaje de líquido elemento y vámonos que nos vamos, por cierto, 30 grados por los cojones y un palito que diría mi padre… A 20 no llegamos y un servidor a pata descubierta por dar crédito a la previsión meteorológica, bien que me arrepentí, todavía no se me ha quitado el frío…

Siguiente parada en Jerez de Los Caballeros, estación de servicio donde tuvimos noticia del abandono de nuestro amigo Eduardo por una rodilla latosa que le impidió terminar la jornada. Ánimo y a recuperarse!!. Allí mismo pudimos avituallar y pertrecharnos para hacer frente a una noche que asomaba por proa con temperatura más que fresquita. Desde aquí hasta Aracena, punto clave, íbamos avanzando haciendo cábalas sobre la hora de llegada, a las 21:30 la firmábamos de antemano… Finalmente, tras un extra de 18 kilómetros inesperados por los caprichos del Openrunner, nos tocó sortear unos rampones de casi el 20% ya bajo la noche cerrada, que nos dejaron entrando en el pueblo cerca de la medianoche. Premura por buscar un bar donde poder recargar las pilas antes del cierre de cocina, tuvimos suerte. Cena, breve descansito reparador y poco antes de la una a seguir.

Salida de Aracena, a 120 kmts de meta, bajo un gélido manto estrellado, bajada rápida y fría que nos ponía a pies del Campillo, desde ahí hasta Riotinto y luego a Zalamea, para acabar a los pies de la bota campera más famosa de Andalucía en Valverde del camino, foto de rigor y sensación casi de victoria, ya que a nivel de altimetría, lo más exigente del recorrido ya estaba finiquitado. Solo quedaba un último tirón que se hizo de forma bastante rápida.

La guinda del pastel nos la comíamos en los 2 kilómetros finales de la cuesta de Las Doblas, escenario de la gesta de un Diego que tiene un corazón para donarlo a la ciencia el día que se muera, para que no se pierda la esencia de una persona que pertenece a un selecto club, el de los buenos de verdad, esos que dan todo lo que tienen sin pedir nada a cambio, y que se pringan por las buenas causas siempre, siempre…

Y así acabábamos una peoná de las más gordas de los últimos tiempos, de las que te llevan de la típica reflexión rutera del «que carajo hago yo aquí pasando frío de madrugada y dando pedales» a estar deseando empezar la próxima cita… Solo queda dar las gracias a los que lo hacen posible, a los que participan y a la vida por brindarnos semejante disfrute… Y pedir que no se acabe nunca. Presi, ve echando arena y cemento que la próxima ya asina en el horizonte!!