Los días 20 y 21 de Marzo de 2026 se realizó el brevet de 400 km de Castillo de Locubín a Ayamonte. Por el camino se unieron algunos ciclistas, como el caso de Fran Menor, quien vino a unirse a la ruta a partir del pueblo de Peñaflor, y así nos lo contó en su crónica:
Ruta: Peñaflor (Sevilla) – Vila Real de Santo Antonio (Portugal), por Fran Menor.
Nueva ruta ciclista de larga distancia, desde Peñaflor (Sevilla) hasta Vila Real de Santo Antonio (Portugal).
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Día: SÁBADO, 21 de marzo de 2026
Todo empezó a las 3 de la mañana del sábado 21 cuando nos levantamos en Córdoba, mi hijo Alejandro y yo. Mientras el mundo dormía, nosotros ya estábamos en marcha.
Con lluvia, sueño y esa mezcla de locura e ilusión que solo entiende quien vive la bicicleta. Cogemos el coche y, todavía con las legañas en los ojos, nos dirigimos hacia Peñaflor, el pueblo sevillano desde donde tenía previsto iniciar la ruta. Allí debía encontrarme con otros tres amigos, dos de ellos desconocidos. Durante los 65 km que separan Córdoba de Peñaflor, la lluvia no dejó de caer, cosa que no me gustaba ni un pelo.
Sobre las 3:50 h llegamos a Peñaflor. Mi hijo me dejó y se volvió hacia Córdoba. Seguía lloviendo (sus mulas), y en la puerta del Gym Hermetika estaba Eduardo Soler con su furgoneta. Me comentó que sobre las 3:10 h , Paco de Andújar ya había salido, y que Moab Felipe, portugués de origen brasileño, aún no había llegado.
La lluvia arreciaba, pero sobre las 4:10 apareció nuestro amigo Moab. Eduardo tenía preparado café frío, vasos de plástico y galletas, todo un detalle. Moab, más duro que un cuerno, en apenas 15 minutos estaba listo y a las 4:20 salió zumbando. Yo, el “Tío de los Pueblos”, dije que nanay, y me quedé con Eduardo en la furgoneta hasta que dejara de llover. Pero justo cuando paró, abrió el bar Palenke (4:45 h), así que me tomé un buen café caliente mientras Eduardo se metía dos medias tostadas con jamón y tomate (más jamón que tomate) y otro cafelaco.
Ya no había excusas. A las 4:55 inicié la ruta, sin lluvia pero con la carretera empapada. La salida no fue fácil: agua, oscuridad y dudas. Algunos compañeros salieron antes, otros después… y yo, acabé rodando solo todo el camino. Paco me llevaba dos mundos y Moab uno, así que tocaba remar solo, sin lamentarse, disfrutando de la noche cerrada en la campiña sevillana. La noche fue larga. Carreteras mojadas, baches traicioneros y una luz que hacía lo que podía. Pero también silencio, calma y esa sensación única de avanzar mientras todo está en pausa.
Con una linterna algo cutre (los baches hacían que la luz no parara quieta), llegué a El Priorato y después a Lora del Río. Ritmo tranquilo, con aire a favor, sin fiarme ni de la luz ni de los baches, muchos de ellos llenos de agua. Continué por Alcolea del Río, Cantillana y Villaverde del Río. En lugar de tirar hacia Burguillos, me desvié hacia Esquivel y Alcalá del Río, dos pueblos que no tenía, y luego ya sí hacia Burguillos (10 km extra… muy ricos).
Después, Guillena, Gerena y Aznalcóllar, donde estaba Eduardo y con quien desayuné en el bar Capricornio: media tostada con jamón y tomate y otro cafelaco. Llevaba 110 km cuando deberían haber sido 100. Ya era de día, sobre las 9 h, coincidiendo con la salida de una prueba de MTB en el pueblo.
—¿Dónde está Paco de Andújar?
—Por Niebla —me dijo Eduardo—
Es decir, me llevaba casi una hora.
¿Y Moab? Parecía ir detrás de mí. No lo vi, así que supuse que lo adelanté en alguna parada.
Seguimos. Despacio y con buena letra… y otra vez solo. Kilómetro a kilómetro, pueblo a pueblo, fue cayendo la campiña sevillana hasta llegar a
Huelva, donde el tráfico y los semáforos pusieron a prueba la paciencia. Después, las marismas, el viento, y de nuevo la carretera abierta.
Pasé por Escacena del Campo, Paterna del Campo, Manzanilla, Villalba del Alcor, La Palma del Condado, Villarrasa, Niebla, San Juan del Puerto .
El paso por Huelva se me hizo bola: semáforos, tráfico, pasos de cebra… y todas sus mulas. Seguía solo, sin poder descargar la mala leche con nadie, ni siquiera con la dichosa luz (aunque ya no hacía falta).
Salí de Huelva por un carril bici que atraviesa las marismas, tranquilo y bastante bonito. Continué hacia Aljaraque, Nuevo Portil y Cartaya, por una carretera en mal estado, llena de baches y con bastante tráfico. Después Lepe y Ayamonte. El cuentakilómetros marcaba 247 km cuando llegué a Ayamonte. Objetivo cumplido… aunque aún quedaba cruzar a Portugal.
En Ayamonte cogí el ferry para cruzar el Guadiana hasta Vila Real de Santo Antonio, pero como salen a en punto y eran las 16:05, Perdí el ferry por cinco minutos, pero gané algo mejor: una cerveza fría. Así que NADA de turismo: directo a la plaza a tomarme un cervezaco bien frío.
Mientras esperaba hasta las 17:00, estuve charlando con unas chicas muy simpáticas que incluso me invitaron a la cerveza (yo les regalé una pegatina). También iban a coger el ferry, así que hicimos la travesía juntos. Luego, cada mochuelo a su olivo: yo al Hotel Apolo y ellas a su destino.
Finalmente, Vila Real de Santo Antonio. Fin de ruta. Cansancio, satisfacción y otra historia más que contar.
En el hotel estaban ya Eduardo y Paco esperándome. Guardé la bici en una caseta habilitada, me duché y los tres fuimos en coche a Ayamonte a buscar a Moab, porque el último ferry salía a las 18:00 y aún no había llegado. Cena en una pizzería y a dormir los cuatro en la misma habitación.
Al día siguiente, desayuno en el hotel y, sobre las 9:00, vuelta en coche hacia Córdoba por mi parte, mientras mis compañeros continuarían ruta hasta Castillo de Locubín.